domingo, 10 de enero de 2016

"Camino de los Prodigios" Miranda del Castañar . Villanueva del Conde

El Camino de los Prodigios se halla en el sur de la provincia, a unos 80 kilómetros de la capital, en la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar y Francia, y muy próximo al parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia. Se trata de un sendero circular, que une los municipios de Miranda del Castañar, declarado Conjunto histórico, y Villanueva del Conde.

Miranda del Castañar, se asienta sobre una loma coronada por un castillo con recinto amurallado, que aún conserva sus cuatro puertas. Al sur, las Puertas del Postigo, al este, la Puerta de San Ginés, al oeste, la de Nuestra Señora de la Cuesta, patrona de la localidad y al norte, la Puerta de la Villa. La fortaleza, eso una de las mejor conservadas de la provincia, se distribuye a lo largo de una planta de trapecio irregular, con cubos en los ángulos, donde se abren ventanas geminadas.

El castillo reconstruido a principios del Siglo XIV sobre un castillo anterior del S.XII. Al exterior, de la fortaleza, aún se conservan exentas las murallas, mientras que en el interior el acceso al camino de ronda, respetado en su mayor parte, presenta algunas pasarelas. Todo ello demuestra el carácter histórico de esta población que nació en el siglo XII con la orden Hospitalaria de Jerusalén, y que se consolidaba tras la repoblación de Alfonso IX de León en el siglo XIII.

Villanueva del Conde, aldea del Conde como se la conocía antes y no fue hasta mayo 1755 que fue declarada Villa. Con anterioridad a la repoblación de Raimundo de Borgoña en 1102, los judíos habitaban en núcleos aislados. El barrio judío de Villanueva constituía una auténtica fortaleza dotada de una tupida red de pasadizos intercomunicados, que cruzaban un terreno labrantío que cubría las necesidades alimenticias de la población; es lo que hoy se denominan “Las Huertitas”. El último pasadizo desemboca en un amplio espacio abierto, la plaza de la iglesia.

Aunque la ruta se puede iniciar desde cualquiera de las dos poblaciones, la recomendación es que se comience en Miranda del Castañar. No existe ningún tipo de pérdida, ya que el trayecto está continuamente señalizado, una característica que es denominador común en todas las rutas que ha recuperado la Diputación de Salamanca.

Descendemos desde Miranda en dirección a la carretera SA-225, la que atravesaremos para adentrarnos en la naturaleza, no sin antes contemplar unas hermosas vistas del río Francia. Cruzaremos un pequeño puente sobre el arroyo de San Benito (afluente del río Francia) y allí veremos el primera de los objetos artísticos en la naturaleza. Se trata de la estructura de una cama, las “camas prodigiosas”, obra del salmantino Alfredo Omaña. Veremos varias durante el recorrido, en una perfecta simbiosis con el paisaje e incluso como lecho para árboles, musgo o hierba. La vegetación también tiene derecho al descanso.

Tras cruzar el puente y ver la primera de las creaciones artísticas, vamos a dar a un camino en el que podemos girar a la derecha o la izquierda. Cualquiera de las dos opciones es válida porque a partir de ese punto la ruta es circular y ambas direcciones nos llevarán a Villanueva del Conde. Todo el trayecto es un auténtico remanso de paz en el que el que robles, olivos, madroños y castaños, entre otras especies, nos envuelven por completo mostrando lo mejor de un rincón de Salamanca que fascina a todo aquel que lo transita. Además de las camas de Omaña, podemos ver obras de otros artistas. Félix Curto nos invitará a pensar con fragmentos de Unamuno, plasmados por ejemplo en un banco. Precisamente don Miguel fue un gran amante de naturaleza y de este enclave de la provincia salmantina.

También Curto sorprenderá con actuaciones como el nido de piedras convertidas en huevos de oro. Marcos Rodríguez, natural precisamente de Villanueva del Conde, no dejará a nadie indiferente por su capacidad de transformar la roca en formas sorprendentes. Sus tortugas talladas como si el material que usara fuera plastilina, son otro de los prodigios del camino. Por último, Pablo S. Herrero convierte los muros de algunas casas en espectaculares murales en los que las ramas de los árboles se apoderan del cemento o la piedra. La naturaleza conquista lo construido por la mano del hombre en una perfecta simbiosis.

Un buen lugar para hacer un receso será el pequeño estanque que nos encontraremos a la entrada de Villanueva del Conde y que está decorado con unos peces obra de Marcos Rodríguez. “Si deseas dar más vida a los peces, mojalos”, reza un cartel que invita a contribuir a la permanencia de otro de los prodigios de este fantástico camino.

Volveremos a Miranda del Castañar para concluir el recorrido, esta vez accediendo al pueblo por la bonita ermita de la Virgen de la Cuesta. Así daremos por finalizado el Camino de los Prodigios, una experiencia relajante que sirve de contrapunto a otras rutas más duras y exigentes. Una forma de llevarnos en la retina la esencia de la Sierra de Francia y de dos de sus pueblos más representativos, además de deleitarnos con las obras de unos artistas que consiguen convertir a la naturaleza en su mejor lienzo.

Texto:

Video de la Ruta:

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